Francia llega a las elecciones del domingo con un desempleo muy bajo y una recuperación económica tras la covid más rápida que sus vecinos inmediatos, aunque la deuda pública se ha disparado para financiar el estímulo para salir de las sucesivas crisis y para preservar una relativa paz social. Una de las principales ventajas electorales para la renovación del mandato del presidente saliente, Emmanuel Macron, es que al terminar 2021 el nivel del desempleo era, con un 7,4 %, el más bajo desde 2008, y la tasa de actividad, con un 73,5 %, la mayor desde que empezaron los registros en 1975.
Sus reformas para flexibilizar el mercado laboral, estimular la formación profesional y presentar una cara más amable hacia las empresas, con una rebaja masiva de los impuestos a la producción y otras más simbólicas con la supresión del Impuesto sobre la Fortuna (ISF), han hecho de Francia uno de los países más atractivos de Europa para la inversión.









