Las consecuencias de la sequía en nuestro país no se detienen y solo aumenta en su intensidad. Así lo demuestra el estado de los embalses de la zona central, en los que se evidencia niveles mínimos de reserva de agua potable, lo que supone una situación crítica para el abastecimiento de los hogares.
El embalse Peñuelas, en la región de Valparaíso, ya desapareció casi por completo, con el 0,01% de su nivel total. Antes abastecía a más de 100 mil familias, las mismas que ahora dependen del Tranque La Luz, sin embargo, el estado de este último también es crítico y supera apenas la mitad de su capacidad.
En la región de Valparaíso, hay sectores que tienen un déficit de precipitaciones que llegan al 100%. Sin lluvia y sin acumulación de agua en los embalses, el panorama es crítico.
En ese territorio se depende del embalse Los Aromos como único suministro para miles de familias, que alcanza un 31,3% de su volumen total.
El panorama se vuelve más desolador en la región de Coquimbo. En Illapel, el embalse El Bato está a punto de desaparecer.
Por otro lado, el embalse Puclaro, usado cómo reserva de agua potable y de riego para los campos del Valle de Elqui, registra niveles mínimos históricos (27,3%), dejando graves consecuencias para el sector.
Y la situación podría empeorar. Si este invierno no llueve, las restricciones serán inevitables. Según Esval, los usuarios tendrán acceso a menos del 10% de agua potable comparado con lo que tienen hoy.









