La semana que comienza debería ser una de las más relevantes del naciente Gobierno de José Antonio Kast. Tras sucesivas postergaciones, La Moneda espera finalmente ingresar al Congreso su proyecto de “Reconstrucción Nacional”, el ambicioso paquete económico impulsado por el ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, que contempla cerca de 45 medidas y que ya se instaló como la primera gran batalla política y legislativa del nuevo ciclo.
Y al frente, la oposición –que no está en su mejor momento– ya se prepara para dar pelea.
Durante los últimos días, partidos, bancadas, economistas y centros de estudio del sector han intensificado reuniones de coordinación para ordenar una estrategia común frente al proyecto “misceláneo” del Ejecutivo, iniciativa –al más puro estilo de la “ley ómnibus” de Javier Milei– que mezcla en un solo texto medidas de reconstrucción por incendios, incentivos a la inversión, subsidios al empleo, cambios regulatorios, rebajas tributarias, ajustes fiscales y normas de seguridad pública.
En privado y en público, en la oposición coinciden en una definición: la iniciativa de Quiroz será “la madre de todas las batallas” del primer año de Kast.
La tesis opositora: “No mezclar peras con manzanas”
El principal objetivo opositor será intentar fragmentar el proyecto antes de su discusión de fondo. La crítica apunta a que el Gobierno está mezclando, bajo el paraguas de la reconstrucción, medidas de emergencia con reformas estructurales tributarias que –acusan– poco tienen que ver con la contingencia.
La presidenta del PS, Paulina Vodanovic, resumió esa mirada al bautizar la propuesta como una “ley tutifruti”, afirmando que es una iniciativa “que lleva de todo” y cuyos ingredientes aún no están del todo claros.
Ese mismo argumento fue profundizado por el diputado del Frente Amplio Jorge Brito, quien acusó que Hacienda intenta aprovechar la urgencia de la reconstrucción para empujar una agenda tributaria favorable a grandes empresas.
“Primera vez en la historia de este Congreso que se habla de un plan de reconstrucción, a raíz de una tragedia, bajándoles el impuesto a las grandes empresas”, sostuvo Brito en un comunicado la semana pasada.
“Si fue el Presidente Piñera quien hizo un alza transitoria de impuestos para enfrentar la reconstrucción del terremoto y tsunami del 2010, fue la Presidenta Bachelet quien trajo distintos planes de reconstrucción que recaudaban más. Sin embargo, el ministro Quiroz quiere reconstruir recaudando menos”, agregó.
Y remató: “Le hemos pedido al ministro Quiroz que no mezcle peras con manzanas. La reconstrucción del Biobío y de Viña del Mar debe ser urgente ahora ya (…), pero intentar darles un regalo a sus cercanos, para los cuales trabajó en el pasado, de miles de millones de dólares, nos parece que no tiene cabida”.
Dividir el proyecto y llevarlo a más comisiones
La primera jugada opositora ya comenzó.
Parlamentarios como Luis Cuello (PC), Daniela Serrano (PC) y Juan Santana (PS) presentaron una solicitud formal para que el proyecto no sea revisado exclusivamente por la Comisión de Hacienda, como pretende el Ejecutivo, sino también por otras instancias técnicas del Congreso, dada la amplitud temática de la propuesta.
La maniobra busca ralentizar la tramitación y, sobre todo, reforzar el argumento de que el proyecto no puede despacharse como si fuera únicamente una reforma económica.
Además, la oposición ha insistido en que La Moneda divida el texto en iniciativas separadas: una enfocada exclusivamente en reconstrucción y otra para debatir en paralelo las reformas tributarias y estructurales.
Diálogo con “sectores moderados de la derecha”
Pese al endurecimiento del tono, en la oposición también existe conciencia de un riesgo político: aparecer bloqueando medidas que podrían ser percibidas como urgentes o procrecimiento.
Por eso, especialmente desde el Socialismo Democrático y sectores del Frente Amplio, la apuesta no es rechazar el proyecto completo de entrada, sino revisar cada medida por separado.
La diputada frenteamplista Tatiana Urrutia marcó esa línea. “Nosotros como Frente Amplio vamos a estudiarlos bien, cada uno en sus méritos y haremos una bajada respecto a cada uno de ellos en términos puntuales. No estamos en una posición por rechazar todo”, comentó en entrevista con La Tercera.
Y agregó una señal política hacia un sector de la derecha: “Esperamos encontrar en Chile Vamos también una posición más de diálogo, dado que no se está viendo eso desde los partidos más de extrema derecha”.
La estrategia que hoy se conversa en la centroizquierda apunta precisamente a eso: apoyar medidas de rápida aprobación –como reconstrucción, pymes o desburocratización–, mientras concentran resistencia en el corazón ideológico del proyecto.
El diputado César Valenzuela (PS) le puso cara al diálogo con Chile Vamos: “Yo espero que sectores moderados de la derecha, como el diputado Diego Schalper, le puedan dar razonabilidad al proyecto que quiere ingresar el Gobierno”.
Y es que la oposición ve en Chile Vamos al sector más proclive dentro del oficialismo a introducir moderaciones a la iniciativa y a cuestionar su diseño legislativo, especialmente tras los reparos públicos de figuras como la senadora Paulina Núñez a la fórmula de ley miscelánea impulsada por La Moneda.
Desde la centroizquierda consideran que Renovación Nacional, a diferencia de sectores más duros del bloque, como republicanos o libertarios, podría abrirse a ajustes que permitan dividir la iniciativa, separar materias de alto consenso y revisar aspectos controvertidos como la rebaja de impuestos a empresas, apostando así a que actúe como un contrapeso interno que entregue esa “razonabilidad” al texto durante su tramitación.
Fuente: El Mostrador.









