Sebastián Lelio murió este viernes 6 de noviembre, a los 52 años, en Santiago. La noticia puso fin de manera inesperada a la trayectoria de uno de los cineastas chilenos que mayor proyección internacional alcanzó en las últimas décadas. Su última película estrenada había sido La Ola, un musical sobre las movilizaciones feministas de 2018 en Chile. Al momento de su muerte se encontraba trabajando en Poeta chileno, adaptación de la novela de Alejandro Zambra.
Nacido en Mendoza en 1974 y criado desde niño en Chile, Lelio estudió inicialmente Periodismo, pero terminó ingresando a la Escuela de Cine de Chile. Su primer largometraje, La sagrada familia, estrenado en 2005, fue una de las películas asociadas al llamado Novísimo Cine Chileno y obtuvo más de 20 premios internacionales. Después vendrían Navidad (2009) y El año del tigre (2011), películas con las que fue construyendo una filmografía marcada por personajes en crisis, relaciones familiares, sexualidad y cambios sociales.
El reconocimiento internacional llegó con Gloria, estrenada en 2013 y protagonizada por Paulina García. La película siguió a una mujer de 58 años que se enfrenta a la soledad, el deseo y la posibilidad de comenzar nuevamente. García obtuvo el Oso de Plata a la mejor actriz en el Festival de Berlín, mientras la película comenzó a instalar a Lelio en el circuito internacional de festivales. Gloria también abrió el camino para una característica que atravesaría buena parte de su obra: personajes femeninos que no aparecen definidos por los roles tradicionales que la sociedad les asigna.
Cuatro años después llegaría la película que cambiaría definitivamente la escala de su carrera. Una mujer fantástica, protagonizada por Daniela Vega, siguió a Marina, una mujer trans que después de la muerte de su pareja debe enfrentarse a una familia que cuestiona su identidad y su lugar en el duelo. La película obtuvo el Oscar a la mejor película de habla no inglesa en 2018, convirtiéndose en la primera producción chilena en conseguir ese reconocimiento en esa categoría. Antes había obtenido, entre otros premios, el Oso de Plata al mejor guion y el Teddy Award en Berlín.
El Oscar no fue, sin embargo, el final de la carrera de Lelio, sino el comienzo de una nueva etapa. Su siguiente película, Disobedience, fue protagonizada por Rachel Weisz, Rachel McAdams y Alessandro Nivola y abordó el conflicto entre deseo, religión y tradición dentro de una comunidad judía ortodoxa. Después realizó Gloria Bell, una adaptación en inglés de su propia película, protagonizada por Julianne Moore, y El prodigio, con Florence Pugh, una historia ambientada en la Irlanda del siglo XIX que volvía a explorar la relación entre fe, cuerpo y creencias.
Pero Lelio nunca abandonó completamente Chile. En La Ola volvió a filmar en el país por primera vez desde Una mujer fantástica. El proyecto tomó como punto de partida las movilizaciones feministas universitarias de 2018 y las convirtió en un musical de grandes dimensiones, con música de Matthew Herbert y la participación de artistas como Anita Tijoux, Camila Moreno y Javiera Parra. El guion fue escrito junto a Manuela Infante, Paloma Salas y Josefina Fernández, después de un proceso de escritura que se extendió durante cinco años.
La Ola también mostraba que Lelio no concebía el cine como una herramienta para entregar respuestas cerradas. En una entrevista sobre la película definió su aproximación como un “caleidoscopio político, estético y humano” y planteó que el espectador debía poder reconocerse en distintas posiciones frente a los acontecimientos. Esa mirada estaba presente desde sus primeras películas y se mantuvo incluso cuando su cine adquirió una dimensión internacional.
En una frase que resume buena parte de su aproximación al cine, Lelio dijo: “Trato de hacer películas donde todos cometen aciertos y errores, no hay villanos”. La frase ayuda a entender una filmografía que evitó con frecuencia los personajes completamente buenos o malos y que prefirió situarse en zonas más ambiguas: entre el deseo y la culpa, entre la identidad personal y las convenciones sociales, entre lo que una persona quiere ser y aquello que los demás esperan que sea.
Su trayectoria también fue la de un cineasta que logró conectar dos espacios que no siempre dialogaban: el cine chileno de autor y la industria internacional. Desde películas de presupuesto acotado como La sagrada familia hasta producciones protagonizadas por figuras como Julianne Moore, Rachel Weisz y Florence Pugh, Lelio mantuvo una preocupación constante por los personajes y sus conflictos íntimos. Su cine pudo cambiar de escala, idioma y contexto, pero no abandonó esa búsqueda.
Su muerte lo encontró, además, regresando nuevamente a Chile. Poeta chileno, basada en la novela de Alejandro Zambra, estaba en pleno proceso de rodaje cuando murió. De esta manera, su último proyecto conocido volvía a Santiago y a la literatura chilena, cerrando de manera involuntaria un recorrido que comenzó hace dos décadas en el cine nacional, alcanzó Berlín, Cannes, Hollywood y los Oscar, y terminó nuevamente en el país donde Lelio construyó su mirada cinematográfica.
Sebastián Lelio deja una filmografía relativamente breve, pero con una influencia que excede el número de películas. Gloria cambió la forma en que una mujer madura podía ocupar el centro de una película chilena; Una mujer fantástica llevó al mundo una historia sobre identidad y dignidad que se convirtió en un hito para el cine chileno; y sus trabajos posteriores demostraron que aquella mirada podía viajar sin perder su origen.
A los 52 años, Lelio deja también una obra inconclusa. Poeta chileno queda como la película que estaba filmando cuando murió. Y su filmografía, como ocurre con los cineastas cuya obra consigue trascender su época, queda abierta a nuevas lecturas: como el registro de una generación que cambió el cine chileno y como la trayectoria de un director que consiguió llevar sus preguntas sobre la identidad, el deseo y la libertad mucho más allá de las fronteras del país.
Fuente: El Mostrador.









