Presume de ser el país más próspero del planeta, pero millones de sus habitantes pasan hambre.
Una realidad que se ha visto agravada por la expansión del coronavirus y que estos días se refleja en las interminables filas de autos que se forman en puntos de entrega de comida.
La crisis sanitaria que vive Estados Unidos, actual epicentro de la pandemia de covid-19, arroja inquietantes cifras: más de un millón de contagios confirmados, más de 60.000 muertes y más de 30 millones de nuevos desempleados.
En este contexto, los bancos de alimentos del país redoblan esfuerzos para llegar al mayor número de personas, con el desafío adicional de hacerlo manteniendo la distancia.
Ciudades como Chicago, Pittsburgh, San Antonio o Miami, entre otras, empiezan a acostumbrarse a ver larguísimas colas de autos cuyos conductores esperan su turno para recibir cajas de productos básicos.
Pepe logró lo inesperado: ser el primero en la fila de autos de varios kilómetros de longitud que se formó en Miami Beach el miércoles 29 de abril.
Había oído que las autoridades locales junto con la organización Feeding South Florida, el banco de alimentos más grande del sur del estado, iban a repartir comida a unas 500 familias.
Como se ha hecho común desde la aparición del coronavirus, el método de entrega era por drive-thru, que consiste en que los autos circulan despacio con los maleteros abiertos mientras los organizadores del reparto y voluntarios colocan en su interior productos suficientes para una semana.
La cita era a la 1 de la tarde, pero él se presentó a las 5 de la mañana. Cuando se dio cuenta de que era el primero, fue como si le hubiera tocado la lotería.
«Intento ir a todos los sitios que puedo para que me den comida», nos cuenta. «Qué le voy a hacer, me hace falta», añade encogiendo los hombros.
Hasta ahora no había tenido esa suerte, en varias ocasiones se ha tenido que ir con las manos vacías porque al llegar su turno ya no había mercancía.
Pero la necesidad es fuerte y adelanta que seguirá acudiendo a todos los centros de distribución que pueda.
La distribución de alimentos funciona al estilo de una cadena de montaje, los voluntarios se colocan en puntos estratégicos para hacer que la entrega sea lo más rápida y fluida posible.
A los conductores se les recuerda que deben mantener las ventanillas subidas para evitar todo contacto y se les pide que no se detengan.
«Los productos que entregamos dependen de la disponibilidad de cada día», le explica a BBC Mundo David Richardson, comisionado del Ayuntamiento de la Ciudad de Miami Beach.
«Hoy tenemos jugo de naranja, pavo congelado, pepinos, fruta enlatada, frijoles, huevos, uvas pasas, carne de hamburguesa, yogures ¡y flores!», detalla.
Richardson señala que este es el primer día que organiza la distribución de alimentos en esta parte de la ciudad, 50 cuadras al norte de South Beach, donde hace entregas semanales los sábados.
A pocos metros de donde nos encontramos están la playa (ahora cerrada) y Collins, la avenida principal que recorre de norte a sur este destino turístico por excelencia.
«Hay mucha inseguridad alimentaria en la playa», apunta J. Elizabeth Alemán, predecesora de Richardson en la comisión municipal.
«La gente no se da cuenta, todos piensan que es un lugar rico, y lo es, pero muchos vecinos viven en viejos y pequeños apartamentos, construidos en los años 40, en los que residen familias completas».
Alemán suele ayudar en el centro de distribución de South Beach y ha observado que ahora, a raíz de la crisis del coronavirus, hay un nuevo perfil: el de quienes nunca pensaron que se verían en esta situación.
«El miedo a no poder poner comida en la mesa es transversal a todos los niveles socioeconómicos«, sostiene.
Una de las voluntarias es Romina Orozco, dueña de la floristería Abbot, que llega con un regalo especial, cientos de ramos de flores para que las personas se lleven un detalle extra.
A esta mujer de origen argentino no le extraña que en un lugar como Miami Beach tantas personas hayan acudido a pedir ayuda.
«En el sur de Florida, en este sector, la mayoría de la gente trabaja en la hostelería, en restaurantes y en este momento están la mayoría cerrados», expone.
«El sábado pasado en la 21 y Collins había gente desde las 3 de la mañana. La gente está necesitada«.
Fuente: https://www.bbc.com/









